domingo, 27 de julio de 2025

UN BEBÉ EN UNA CANASTA

La historia de Jocabed

Cuando el pueblo de Dios, los israelitas, vivían en Egipto, un rey llamado Faraón decidió que eran demasiado numerosos. Temía que los israelitas se unieran para arrebatarle su poder. Así que los esclavizó a todos y se aseguró de que los trataran con crueldad. El Faraón incluso ordenó que mataran a todo el hijo varón recién nacido de una israelita. Pero las comadronas, las mujeres que ayudaban a las madres en el parto, temían a Dios y ocultamente se negaron a matar a los bebés. Inventaron historias para Faraón y siguieron protegiendo a los bebés, y Dios los bendijo por su amor y su valentía.

Pero entonces Faraón dijo: «¡Todo bebé israelita que nazca varón debe ser arrojado al río Nilo!».

Jocabed fue una de las mujeres israelitas que dio a luz a un niño durante el cruel reinado de Faraón. Amó y cuidó a su hijo y lo mantuvo a salvo durante tres meses. Pero a medida que crecia, se hizo demasiado grande para ocultarlo. Temía que lo arrojarían al Nilo para matarlo. Así que ideó un plan. Jocabed cubrió de alquitrán y brea una canasta. Esos materiales harían que la canasta flotara. Luego metió con cuidado a su bebé en la canasta y la colocó entre los juncos, cerca de la orilla del río Nilo. Sabía que la hija del Faraón venía a menudo a bañarse allí. Jocabed pidió a su hija, Miriam, que vigilara al bebé y viera lo que ocurría.

Pronto, la princesa vio la canasta y miró hacia adentro. Encontró al pobre bebé llorando y sintió compasión por él. Se dio cuenta de que el pequeño era uno de los babes a los que su padre había send matar.

Entonces Miriam se acerco a la princesa y le preguntó:

¿Quieres que basque una madre que pueda alimentarlo por ti?

Y la princesa dijo que sí. Entonces Miriam llevó a Jocabed ante la princesa.

La princesa le dijo: «Te pagaré para que lo cuides por mí hasta que pueda comer solo>>. No tenía ni idea de que estaba hablando con la verdadera madre del bebé! Pero Dios sí lo sabía.

Jocabed aceptó encantada. Había escondido y protegido a su hijo de la muerte, y ahora podía tenerlo y cuidarlo un tiempo más.

Cuando el bebé creció lo suficiente, Jocabed se lo devolvió a la hija de Faraón. La princesa lo llamó Moisés, diciendo: «Yo lo saqué del agua».

A Jocabed le dolió el corazón al renunciar a su hijo, pero más importante aún, su corazón era protegerlo. Gracias al valor de su madre, la vida de Moisés se libró de los malvados planes de Faraón, y Moisés creció hasta convertirse en uno de los líderes más importantes de todos los tiempos.

(Adaptado de Éxodo 2.1-10)

UNA ORACIÓN PERSISTENTE

La historia de Ana

Una mujer de la Biblia llamada Ana deseaba desesperadamente ser madre, pero no tenía hijos. No tener hijos le rompía el corazón. Cada año viajaba con su marido a un lugar llamado Silo durante un tiempo especial de fiesta y celebración para adorar a Dios y llevarle ofrendas. Y cada año Ana lloraba y oraba, pidiéndole a Dios que la bendijera con un hijo. A veces sentía que Dios se había olvidado de ella o que no le importaba su tristeza. Pero aun así Ana seguía orando. Ella le prometió a Dios: «Oh, poderoso Señor, si me das un hijo, te lo entregaré a ti para toda su vida».

Un líder religioso llamado Elí estaba sentado cerca del templo del Señor. Observó a Ana orando y se preguntó qué pasaba.

Ana le dijo: «Estoy muy triste y por eso clamo a Dios».

Él le dijo: «Vete en paz, y que el Dios de Israel te dé lo que has pedido».

Enseguida, Ana se sintió mucho mejor. Ya no sentía tan roto su corazón. Volvió a casa con su marido, ¡y pronto tuvo un niño! Le puso el nombre de Samuel, diciendo: «Se lo pedí al Señor».

Ana amaba entrañablemente y cuidaba al bebé Samuel, pero nunca olvidó sus oraciones y lo que le prometió a Dios. Cuando el pequeño tuvo edad suficiente para comer solo, Ana regresó a Silo al templo donde había conocido a Elí. Allí le dijo a Elí: «Pedí un hijo y Dios me lo dio. Así que ahora se lo entrego a Dios para toda su vida». Ana quería decir que dejaba a Samuel en el templo para que creciera y fuera allí un siervo de Dios bajo el cuidado de Elí.

Cada año, Ana volvía al templo para visitar a Samuel. Y Dios bendijo a Ana con tres hijos más y dos hijas. Fue ampliamente recompensada por ser fiel al Señor.

Una noche, cuando Samuel era aún muy pequeño, se despertó al oír que alguien lo llamaba por su nombre. Pensó que era Elí y le dijo: «Aquí estoy».

Elí dijo: «No te he llamado. Vuelve a dormir».

Pero entonces volvió a ocurrir. Y otra vez.

Al final, Elí dijo: «No soy yo quien te llama. Debe ser el Señor». Ordenó a Samuel que volviera a acostarse y, si volvía a oír la voz de Dios, le dijo: «Háblame. Tu siervo escucha».

Y el Señor volvió a llamar a Samuel, y Samuel escuchó. Samuel siguió escuchando y llegó a ser un líder y portavoz muy importante para Dios. Fue una bendición para todo el pueblo de Israel, gracias a que Ana fue una madre maravillosa que confió en Dios y cumplió la promesa que le hizo sobre su hijo

(Adaptado de 1 Samuel 1-3)

CELEBRACIÓN DE LAS MADRES

Solo una madre puede tener dos corazones latiendo a la vez. ¿No es increíble? O quizá más de dos si está embarazada de gemelos o trillizos... o más. ¡Guau!). Solo una madre puede ser la persona única que es y, sin embargo, llevar también en su vientre a una persona totalmente única y nueva. ¡Increíble! Dios hizo que las madres fueran súper especiales. Desde el primer segundo de vida, una madre cuida de sus hijos, a los que alberga con seguridad en su vientre, creciendo y transformándose hasta el día en que están listos para nacer. Y luego una buena madre sigue ocupándose de las necesidades de sus hijos cuando son recién nacidos, bebés y así sucesivamente hasta que son todos mayores. En realidad, nunca deja de cuidar de ellos por muy mayores que sean. Qué bendición son las buenas madres. No importa qué día o mes sea, abraza fuerte a la tuya -o a alguien que sea como una madre para ti- y siempre que puedas darle las gracias por todo lo que hace por ti Sobre todo en el mes de mayo, cuando tenemos el Día de la Madre, debemos apreciar, honrar y celebrar a las buenas madres de nuestras vidas.

La Biblia nos bendice con ejemplos maravillosos de buenas madres que amaron bien a sus hijos. Podemos aprender de sus vidas y apreciarlas, honrarlas y celebrarlas también. ¡Lee las historias y compruébalo tú mismo!

jueves, 17 de julio de 2025

UNA COSA ES NECESARIA

La historia de María y Marta

En uno de los muchos viajes de Jesús, se detuvo en una pequeña aldea llamada Betania, en una ladera del monte de los Olivos. Una mujer llamada Marta recibió a Jesús en su casa. Estaba emocionada y tenía muchas cosas que hacer para prepararse para su invitado especial. Quería que Jesús se sintiera cómodo y que tuviera un lugar agradable para descansar y relajarse. Tampoco podía faltar una deliciosa comida.

A Marta se le daba muy bien recibir invitados y conocía todos los detalles de la planificación y preparación de una visita. En realidad, conocía demasiado bien esos detalles, porque pronto empezaron a distraerla de la importancia y la bendición de tener a tan maravilloso invitado.

La hermana de Marta, llamada María, también estaba en casa de Marta en el momento de la visita de Jesús. María no ayudó a Marta en las tareas de anfitriona. Ella eligió simplemente sentarse a los pies de Jesús y escuchar todo lo que él tenía que decir. Esto enojó a Marta. Le molestó tanto que le dijo a Jesús: «Señor, ¿no ves que estoy haciendo todo el trabajo aquí yo sola? ¿No ves que mi hermana está sentada sin hacer nada? ¿Eso no te importa? ¡Dile que me ayude!».

Jesús amaba a ambas hermanas y quería que Marta aprendiera y creciera con el ejemplo de María. Le respondió: «Marta, Marta, estás atareada con muchas cosas, pero solo hay una que es necesaria. María ha elegido esa cosa. Ella ha elegido lo que es mejor, y nadie se lo quitará».

¿Cuál es esa única cosa necesaria?, Se preguntó Marta. ¿Qué ha elegido mi hermana? ¿Qué es mejor? Y entonces Marta comprendió. Simplemente estar con Jesús y escucharlo era mucho mejor que trabajar con ansia para servirle. La agitación de Marta había desviado su atención de donde tenía que estar: fija en Jesús. Pero no se iba a repetir. Recordaría el ejemplo de María. Recordaría que debía servir a Jesús con amor y sabiduría sin dejarse atrapar por los detalles. Se acordaría de relajarse y disfrutar simplemente pasando tiempo con Jesús. Y sabía que al recordar estas cosas, crecería en su fe y en su relación con el Salvador.

(Adaptado de Lucas 10:38-42)

UN GRAN SACRIFICIO

La historia de Abraham e Isaac

Abraham fue un hombre que fue llamado amigo de Dios. Él y su esposa, Sara, se quedaron de piedra cuando Dios les prometió que tendrían un hijo. Pensaban que eran demasiado mayores para tener hijos. Pero las promesas de Dios siempre son verdad, y su hijo, Isaac, nació cuando Abraham tenía cien años y Sara noventa. El nombre de Isaac significaba «risa» porque Sara se había reído, por incredulidad, cuando Dios le dijo que tendría un hijo en su vejez. Pero Dios le había respondido: «¿Acaso hay algo demasiado difícil para el Señor?».

Algunos años más tarde, Dios tenia una prueba para Abraham. Le pidió a Abraham que demostrara su amor y obediencia a Dios ofreciendo a su hijo Isaac en sacrificio.

Pese a lo duro que era, Abraham decidió obedecer. Confiaba en las promesas de Dios. Tomó dos criados y a Isaac, y fueron juntos a cortar leña para el fuego de su ofrenda. Luego partieron hacia la montaña donde Dios le había indicado a Abraham que ofreciera el sacrificio. Al tercer día de viaje, Abraham dijo a sus sirvientes que se quedaran atrás mientras él e Isaac seguían adelante juntos. En el camino, Isaac le dijo a su padre: «Tenemos la leña y el fuego, pero ¿dónde está el cordero para la ofrenda?».

Abraham respondió: «Dios proveerá el cordero».

Cuando llegó al lugar adecuado, Abraham construyó un altar y puso la leña encendida. Luego ató a Isaac y lo puso sobre el altar. En el último momento, el ángel del Señor detuvo a Abraham, diciéndole: «No le hagas daño. Ahora veo que realmente respetas a Dios, porque estuviste dispuesto a entregar a tu único hijo>>.

Abraham miró entre los arbustos y vio un carnero atrapado por los cuernos. ¡Ahí estaba el sacrificio para ofrecer en lugar de Isaac! Y así Abraham llamó al lugar «El Señor Proveerá».

Entonces el ángel del Señor le dijo a Abraham: «No me has negado a tu único hijo. Por eso te bendeciré a ti y a tu descendencia, y haré que sean tan numerosos como las estrellas del cielo y la arena de las playas. A través de tus hijos, todas las naciones de la tierra serán bendecidas, porque me has obedecido».

Abraham creció durante esta difícil prueba. Aumentó su confianza y su fe porque amaba a Dios y había visto que Dios se mostró como el proveedor perfecto. Abraham era verdaderamente un <<amigo de Dios>>.

(Adaptado de Génesis 17:1-18:15; 22:1-18; Hebreos 11:17-19)

PARA UN MOMENTO COMO ESTE

La historia de Ester

Un día, hace mucho tiempo, en Persia, un rey llamado Jerjes decidió organizar un gran banquete. Al rey Jerjes le encantaba presumir de lo rico y espléndido que era. Ordenó a su esposa, la reina Vasti, que se presentara en su fiesta para que todos la vieran. Pero ella no quiso, así que no fue, y eso enfureció muchísimo al rey Jerjes. Estaba tan furioso que dictó un decreto real para que la reina Vasti no pudiera estar cerca de él nunca más y para buscar otra reina en su lugar.

Cuando el rey Jerjes comenzó a buscar una nueva reina, sus sirvientes reunieron a muchas mujeres bellas de todas partes de su país. De entre todas ellas, una llamada Ester era la más bella y amable, y fue la que más le gustó al rey. Así que eligió a Ester como reina en lugar de Vasti.

Ester era judía, pero lo había mantenido en secreto. Sus padres habían muerto, y la crio su primo llamado Mardoqueo, que la cuidó muy bien y velo por ella. No quería que nadie la maltratara por ser judía.

Mientras tanto, un hombre llamado Amán recibió una alta posición entre los dirigentes del rey Jerjes. Amán no era bueno, y quería que toda la gente se inclinara y lo honrara. Mardoqueo se negó a inclinarse ante nadie más que ante Dios. Por eso, Amán se llenó de odio hacia el pueblo judío y convenció al rey Jerjes para que dictara un decreto para que los mataran a todos.

Mardoqueo avisó a Ester de lo que ocurría. Le dijo que fuera a ver al rey y le pidiera clemencia para el pueblo judío. 

Pero Ester dijo: «Si voy a ver al rey sin que me invite, me matarán. La única excepción es si el rey extiende su cetro y me perdona la vida». Y Mardoqueo dijo: «Si llamas, la ayuda vendrá a los judíos por otro camino, pero tú y la familia de tu padre morirán. Así que quién sabe, ¡quizás has llegado a reina para ayudar precisamente en un momento como este!».

Entonces Ester pidió a Mardoqueo que reuniera a todos los judíos para ayunar y orar por ella. Tres días después, Ester fue a ver al rey. No la rechazó, sino que le tendió su cetro y la recibió. Se le perdonó la vida y pronto pudo demostrarle al rey lo malvado que era Amán. Finalmente, Amán fue ejecutado y el rey Jerjes decretó de matar a todo el pueblo judío. Aún mejor, decretó que el pueblo judío pudiera protegerse y luchar contra cualquiera de sus enemigos

Gracias a que Ester creció en fe y valentía, Dios obró a través de ella para salvar a todo su pueblo.

(Adaptado del libro de Ester)

UNA ÉPICA CONFIANZA EN DIOS

La historia de Gedeón

En la época bíblica de los jueces, el pueblo de Dios de Israel pasó siete años bajo el poder de la nación de Median. Dios permitió esto porque Israel se había alejado de él.

Madián era mucho más fuerte que Israel, y Madián fue muy cruel con Israel. Los madiánitas robaban y destruían los alimentos y los animales de los israelitas siempre que podían. Así que Israel se empobreció y debilitó mucho, y clamaron a Dios por ayuda.

Dios envió un ángel para recordarle al pueblo de Israel que, aunque Dios había hecho tanto por ellos en el pasado, ellos le habían desobedecido y adorado a otros dioses.

El ángel del Señor se le apareció a un israelita llamado Gedeón mientras trabajaba para mantener los alimentos escondidos de los madiánitas. 

El ángel le dijo a Gedeón: «¡El Señor está contigo, valiente héroe!».

Gedeón replicó: «Entonces, ¿por qué nos ha sucedido todo esto? El Señor nos ha dejado solos y nos ha dejado bajo el poder de los madianitas».

Y el Señor dijo: «Tú eres fuerte y puedes rescatar a Israel de los madianitas. Yo te envío».

Gedeón no podía creerlo. «¿Cómo puedo rescatar a Israel? —dijo—. Yo no soy nadie.

Mi familia es la menos importante de nuestra tribu, y yo soy el más pequeño de mi familia».

Pero el Señor dijo: «Estaré contigo y destruirás a Madián».

Gedeón aún no estaba muy seguro de todo esto, y le pidió al Señor una prueba de que era realmente él quien hablaba. Gedeón trajo pan y carne y lo puso sobre una roca, y el ángel del Señor lo tocó con la punta de su bastón. Entonces el fuego quemó todo el pan y la carne y el ángel desapareció, y Gedeón supo que el ángel sí venía de Dios. 

Dos veces más, Gedeón obedeció a Dios, pero le pidió que le diera pruebas de que realmente era él. Gedeón puso en el suelo un vellón de lana y le pidió a Dios que a la mañana siguiente lo mojara con el rocío, pero que dejara seco el resto del suelo. Y Dios lo hizo. Luego Gedeón volvió a dejar un vellón de lana y le pidió a Dios que a la mañana siguiente lo dejara seco y todo el suelo alrededor estaba mojado. Y Dios lo hizo.

Gedeón se llenó de una fe poderosa, y el Señor siguió hablándole para mostrarle cómo derrotar a los madianitas.

Gedeón comenzó con un ejército de treinta y dos mil hombres, pero veintidós mil se fueron. Estaban demasiado asustados para luchar. Entonces Dios le dijo a Gedeón que solo quería trescientos hombres para luchar contra los poderosos madianitas, así que se vería que todo el poder procedía únicamente de Dios. Así, con el poder de Dios, Gedeón y el ejército de solo trescientos hombres rescataron a Israel del poder de Madian.

Gedeón no era más que un hombre normal que hacía cosas normales, al principio. Pero al confiar en Dios y crecer en la fe, Gedeón llegó a hacer cosas extraordinarias.

(Adaptado de los Jueces 6-8)

Testimonio

  Hoy quiero compartir algo importante. En mi proceso como Mentora de Sanidad Emocional, llegué a un punto donde sabía que tenía un llamado…...