CARTA AL LINAJE MATERNO
Gracias, mamá. Te amo, te aprecio y te acepto tal como fuiste, tal como eres ahora en la luz eterna y en las dimensiones donde solo el alma puede reconocerte.
Honro tu vida, tu historia, tus heridas, tus dones y cada paso que diste.
Agradezco tu presencia, tu intuición, tu ternura y tu fuerza, que aún me acompañan desde donde Dios te ha recibido.
Honro a todas las mujeres de mi linaje:
a mis abuelas, bisabuelas y a cada mujer que vino antes,
a todas las que dieron vida, amor, entrega y también lucha.
Recibo su fuerza, su sabiduría y su resiliencia como un legado que vive en mí.
Mamá, te honro por ser el santuario donde mi alma eligió encarnarse.
Te agradezco por haberme llevado en tu vientre, por haber sostenido mi vida con tu cuerpo, tu sangre, tu energía y tu luz.
Gracias por permitirme habitar en ti antes de existir aquí.
Te bendigo porque de ti aprendí a nutrirme, a sentir, a amar, a intuir, a crear, a florecer.
Y si hubo heridas, silencios o carencias, hoy comprendo que mi alma también eligió aquellas experiencias como parte de su crecimiento.
Me responsabilizo de todo lo que acepté como verdad en mí a través de tus palabras, tu historia o tu ejemplo.
Reconozco que tú hiciste tu labor con lo que tenías, con lo que sabías, con lo que podías, y desde la conciencia que te fue posible.
No te culpo. No te cuestiono. Te honro.
Hoy nos perdono por cualquier dolor que hayamos cocreado.
Nos agradezco las lecciones aprendidas.
Y nos libero de toda tristeza heredada, de todo miedo transmitido, de toda inseguridad guardada en la memoria de nuestras mujeres, y de todo patrón que ya no corresponde a la vida que Dios quiere para mí.
Mamá, gracias porque una parte de quien soy nació de tu amor, de tu sacrificio, de tu valentía.
Lo que necesite mejorar o sanar, lo asumo como tarea mía, sabiendo que desde donde estás sigues guiándome y amándome.
Tu mirada me enseñó a reconocer mi valor.
Tu fuerza me enseñó a resistir.
Tu ternura me enseñó a cuidar.
Tu voz dejó un eco en mi interior que hoy me recuerda quién soy y cuánto valgo.
Hoy asumo mi proceso con amor, reconociendo que en cada relación con otras mujeres y con mi propia feminidad estoy sanando lo que quedó pendiente contigo y con las mujeres que nos antecedieron.
Miro tu vida…
y miro también la vida de todas las mujeres que te preceden.
Las honro.
Miro tu dolor…
y comprendo sus raíces.
Lo abrazo.
Miro tus heridas…
y las sano en mi corazón.
Las libero.
Miro tus imposibilidades…
y dejo ir aquello que ya no pertenece a nuestro camino.
Lo entrego a Dios.
Porque cuando te miro con compasión, miro también mi propio Femenino interno.
Y cuando esa mirada se ilumina, esa parte dentro de mí comienza a sanar.
Y se hace la luz.
A partir de hoy, confío en integrar dentro de mí mi Femenino Sagrado: intuitivo, amoroso, sabio, creativo, fuerte y lleno de gracia.
Gracias, mamá.
Gracias, linaje materno.
Las honro.
Las bendigo.
Las libero.
Las integro.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario