Todo pasa, todo enseña, todo sana, todo se transforma.
Hoy lo abrazo desde mi espíritu y desde mi fe, porque he entendido que cada temporada de la vida tiene un propósito divino. Nada es en vano cuando Dios camina con nosotros.
Todo pasa, porque ninguna prueba es eterna. Dios mismo nos recuerda:
📖 “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.” — Salmos 34:19
Todo enseña, porque cada experiencia trae una lección que moldea nuestro carácter y fortalece nuestra fe.
📖 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.” — Romanos 8:28
Todo sana, porque las heridas también forman parte del proceso, pero la gracia de Dios tiene el poder de restaurarlo todo.
📖 “Él sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas.” — Salmos 147:3
Todo se transforma, porque la vida, en las manos de Dios, nunca se queda igual; Él renueva, levanta y hace nuevas todas las cosas.
📖 “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.” — Apocalipsis 21:5
Y por eso hoy me recuerdo —y te recuerdo— que no debemos desanimarnos. Lo que hoy pesa, mañana enseña. Lo que hoy duele, mañana sana. Lo que hoy te inquieta, mañana se transforma.
Con Dios, cada proceso tiene sentido, cada etapa tiene un propósito, y cada día es una oportunidad para ver Su poder manifestado en nuestras vidas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario