viernes, 6 de marzo de 2026

ESCUDRIÑAD LA PALABRA

 ESCUDRIÑAD LA PALABRA DE DIOS PORQUE EN ELLA ESTÁ LA VIDA ETERNA


Jesucristo enseñó algo muy importante sobre la Palabra de Dios. No dijo simplemente “lean”, ni dijo “escuchen de vez en cuando”. Él dijo algo más profundo: escudriñen. En el evangelio de Juan se encuentra esta enseñanza: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).


La palabra escudriñar significa examinar con cuidado, buscar con atención, profundizar. No es una lectura superficial ni rápida. Es acercarse a la Palabra con deseo de entender lo que Dios quiere enseñar.


Jesús no habló así por casualidad. Él sabía que en la Escritura se encuentra la revelación de la verdad que guía al ser humano hacia la vida eterna.


Muchas personas viven buscando respuestas en diferentes lugares: en filosofías humanas, en opiniones, en pensamientos cambiantes. Sin embargo, la Biblia afirma que la verdad que salva no nace de la imaginación del hombre, sino de la revelación de Dios.


El apóstol Pablo escribió: “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16). Eso significa que la Palabra no es un libro común. Es la voz de Dios guiando al ser humano.


Por eso Jesús dijo que las Escrituras dan testimonio de Él. Toda la Biblia apunta hacia Cristo. Desde las promesas antiguas hasta el cumplimiento en el evangelio, el mensaje central es que Dios ha provisto salvación.


La vida eterna no se encuentra en el conocimiento humano, sino en la relación con Cristo. Jesús mismo declaró: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).


Por eso escudriñar la Palabra no es solo aprender información religiosa. Es descubrir quién es Cristo y lo que Él hizo por nosotros.


La Escritura revela que el ser humano necesita salvación porque el pecado separa al hombre de Dios. Romanos explica claramente: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).


Esa es la condición espiritual de la humanidad. Pero Dios no dejó al ser humano en esa situación. Envió a su Hijo para traer perdón y vida eterna. Juan 3:16 lo declara con sencillez: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”


Cuando alguien escudriña la Palabra con un corazón sincero, empieza a entender ese mensaje. Descubre el amor de Dios, reconoce su necesidad de perdón y encuentra en Cristo la respuesta.


La Biblia también enseña que la Palabra transforma el corazón. Hebreos dice: “La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos” (Hebreos 4:12). No solo informa, también confronta, corrige y guía.


Por eso el creyente necesita alimentarse constantemente de la Escritura. Jesús dijo: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).


Así como el cuerpo necesita alimento, el alma necesita la verdad de Dios.


Cuando una persona escudriña la Palabra, su manera de pensar cambia. Empieza a entender la voluntad de Dios, aprende a distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, y encuentra dirección para su vida.


El salmista lo expresó de esta manera: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105). La Palabra ilumina el camino cuando todo parece confuso.


Escudriñar la Escritura no es tarea solo de pastores o maestros. Es una invitación para todo aquel que busca a Dios.


Porque en ella se encuentra la verdad sobre la salvación.

En ella se revela el carácter de Dios.

En ella se anuncia la vida eterna que Cristo ofrece.


Por eso el llamado sigue vigente hoy: escudriñad la Palabra.


No solo para conocer versículos, sino para conocer a Cristo.

No solo para aprender, sino para vivir conforme a la verdad.


Y quien se acerca a la Palabra con un corazón sincero descubre algo extraordinario: que en Cristo se encuentra la salvación del alma y la esperanza de la vida eterna.

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