Dios es su prioridad
“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el mandamiento principal.” (Marcos 12:30)
Su vida está cimentada en la relación con Dios. Todo lo que hace fluye de ese amor primero.
• Se expande y crece
“Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no sean escasas; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda.” (Isaías 54:2-3)
No se conforma con lo pequeño: se atreve a crecer, a soñar y a extender su influencia para bendecir a más personas.
• El Espíritu Santo es su superpoder
“El espíritu de Dios, quien levantó a Jesús de los muertos, vive en ustedes.” (Romanos 8:11)
No depende solo de sus fuerzas humanas: su poder proviene de la presencia del Espíritu Santo en su vida.
• Se equipa con herramientas psicológicas y espirituales
“Bienaventurado el hombre que halla sabiduría y el hombre que adquiere entendimiento.” (Proverbios 3:13)
Une la sabiduría divina con el conocimiento humano para acompañar integralmente a quienes guía.
• Conoce su propósito
“Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra.” (Éxodo 9:16)
Vive con claridad de misión: sabe que su vida tiene un llamado y lo abraza con valentía.
• Multiplica sus talentos
“Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos.” (Mateo 25:20)
No entierra lo que Dios le dio: lo desarrolla, lo multiplica y lo pone al servicio de otros.
• Tiene una fe inquebrantable
“Oh mujer, grande es tu fe; sea hecha contigo como quieres.” (Mateo 15:28)
Su confianza en Dios no se rompe ante las pruebas: su fe es su ancla y su motor.
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